Sí, ya sé que suena a documental de History y tal vez sea tan largo como uno, pero déjenme… es mi blog.

Recuerdas la secundaria? Esa época en la que cuando dos compañeritos empezaban una relación, todos los demás les ponían en ojo encima para ver cuánto tiempo duraban (sí, así de ratas eran(mos)). Y bueno, tal vez no todos eran conscientes, pero había un grupo que sabíamos que el amor del cole por lo general era figuretismo, así que apostábamos cuánto tiempo duraría la nueva parejita.

Pasa el tiempo y ahora eres tú quien está en medio de una relación y que al principio tenías miedo de que no fuera para siempre, pero miras hacia atrás y han pasado varios años. Y si miras un poco más hacia atrás, te das cuenta de que eres el campeón de estos concursos escolares de “quién dura más en una relación”. Tu relación es un título que llevas cual medalla de olimpiadas, y más aún es la prueba de que el amor sí existe, que lo has comprobado y que lo estás viviendo… En realidad, no estás tan seguro de esto último, de hecho, ya tienes un buen tiempo preguntándote si lo correcto es seguir adelante o dejarlo todo.

¿Cómo romper eso tan preciado, ahora que ha pasado tanto tiempo? ¿Cómo dejar caer ese Imperio que soñaste y que venías construyendo y cuidando por días, meses… años? Porque no fue fácil para ninguno de los dos, porque ambos lucharon por llegar hasta aquí… ¿Qué ha cambiado entonces?

¿Recuerdas la primera vez que hablaron? ¿La primera mirada, el primer beso? Ese beso que te causó nervios al principio pero que al segundo te hizo sentir una paz inigualable, y en ese momento supiste que querías besar esos labios por el resto de tu vida… ¿Y los planes? ¿Recuerdas cuando hablaban de cómo sería la vida juntos? ¿Los nombres de los perritos? ¿Los viajes y aventuras?… Entonces recuerdas también los momentos difíciles… Perdonaste cosas, así como él te perdonó otras… Y levantas la frente con orgullo pues te esforzaste en superar y tratar de manejar cada situación adversa, y levantas la frente con orgullo porque sabes que se esforzó y luchó a tu lado porque este amor.

¿Por qué entonces no puedes mirarlo a los ojos y sonreír perdiéndote en la profundidad de sus ojos marrones como antes? Tal vez fue la rutina, tal vez porque se ven cada vez menos, hablan cada vez menos, se enojan cada vez más, y se lastiman más… Entonces te calmas, te miras al espejo como cada noche antes de dormir, y piensas que tal vez es un momento difícil que deben superar juntos como tantos otros… Sabes que ya no son tan efusivos como antes, pero piensas que quizás eso era solo al principio y que la relación ha madurado y por eso se torna un tanto más calmada.

Bueno, el caso es que tú tienes la respuesta a todas tus dudas, nadie más, y en el fondo sientes que el amor no es esto en lo que tu relación se ha convertido. Sientes en tu interior que cuando dos personas realmente se aman, cada momento es increíble, es intenso y lleno de adrenalina.

Entonces ya intuyes lo que debes hacer, pero eso implica empezar todo de cero, o sea… Los intentos de encajar a la perfección en ese nuevo universo que será un chico distinto, decirle que te encanta esa canción que de hecho no te gusta tanto, no comer bien tu hamburguesa por miedo a que se espante de ti, o correr al espejo antes de que él despierte para arreglarte y que te vea radiante como la noche anterior. Y lo peor vendrá luego, cuando empiece a entrar realmente a tu vida, cuando conozca tus sueños y aspiraciones, así como también tus miedos y vulnerabilidades, cuando presencie tus arranques de cólera, cuando sepa que una vez al día no es suficiente para ti (ok, esto podría gustarle) cuando te vea inseguro respecto a tu futuro y bueno, ya veremos si luego de todo eso quiere seguir a tu lado.

Ya has pasado por todo esto, entonces ¿por qué tirar todo al tacho y empezar de nuevo, si ya hay alguien que te conoce a la perfección? Pues porque no basta que te conozca a la perfección, sino que debe entenderte para llegar a la esencia de lo que realmente eres y lo que realmente necesitas… Debe quererte, admirarte y sobretodo creer en ti, en que eres capaz de lograr todo lo que te propongas.

Así que ahí está nuevamente la respuesta… Déjalo ir, sigue levantando la frente con orgullo y hazle saber que él debe levantarla también, pues no han fracasado, sino por el contrario han aprendido mucho juntos. Sí, al principio será difícil volver a salir al mundo solo, sin los consejos de alguien detrás de tu oreja, pero al mismo tiempo podrás tomar tus propias decisiones sin una voz detrás de tu oreja que (sin querer) te limite. Serás solo tú, con tus defectos y virtudes, tú y el mundo…